Ayer alguien compartió una foto en el grupo de La Cumbrecita… y como suele pasar cuando aparece un arcoÃris, empezó una pequeña lluvia de imágenes. Cada uno subÃa la suya, como si el cielo hubiera abierto una ventana y todos quisiéramos asomarnos.
Yo no soy especialmente buena sacando fotos de arcoÃris —siempre siento que el momento es más grande que la cámara—, pero estas dos me gustaron mucho y querÃa compartirlas con ustedes.
Mientras las miraba me quedé pensando en algo sencillo y profundo a la vez. El arcoÃris es la naturaleza hablándonos sin palabras. Nos muestra que existen muchos colores, muchas formas, muchas diferencias… y sin embargo ninguno sobresale más que el otro. No hay uno que mande. Están todos ahÃ, en la misma lÃnea, formando algo hermoso: un semicÃrculo perfecto.
Y quién sabe… si no tuviéramos el horizonte tal vez verÃamos un cÃrculo completo. Un cÃrculo que se cierra y vuelve a empezar. Un ciclo que siempre está naciendo otra vez.
A veces siento que miramos demasiado el suelo y muy poco el cielo.
Por eso, quizás, esta es también una invitación.
El mundo está atravesando momentos difÃciles. Hay ruido, tensión, palabras violentas que se repiten como eco. Hace años que venimos viendo cómo muchas personas viven alteradas en la materia, atrapadas en una especie de tormenta permanente.
Pero mientras tanto, arriba… el cielo sigue ahÃ. En equilibrio. En silencio. En una armonÃa que no discute con nadie.
Tal vez mirar hacia arriba más seguido —aunque sea un instante— pueda recordarnos eso.
Que existe una quietud más grande que todo este ruido.
Y que, si la dejamos entrar un poco cada dÃa, quizás también empiece a instalarse dentro nuestro esa armonÃa tan necesaria para atravesar estos tiempos.
A veces el cielo no viene a darnos respuestas.
A veces el cielo no viene a darnos respuestas.
Solo viene a recordarnos que la quietud existe.
Que está ahÃ, esperándonos a que levantemos la mirada, elijamos hacia dónde mirar
y nos dejemos nutrir por esa quietud. 🌈
